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¿QUÉ HA PASADO CON EL DEMBOW? UN GÉNERO QUE LO TENÍA TODO PERO QUE LUCHA POR SOBREVIVIR

DEMBOW

Nació en la calle, explotó en las bocinas y llegó a retumbar en todo el mundo sin pedir permiso. El dembow se impuso con un ritmo repetitivo y pegajoso que se volvió identidad, cultura y desahogo para miles de jóvenes. Sus raíces se remontan a los primeros años del 2000, pero fue entre 2007 y 2011 cuando el género dio el salto definitivo y se presentó ante el mundo como un fenómeno musical imposible de ignorar.

Artistas como El Alfa “El Jefe” fueron piezas clave en ese proceso, llevando el dembow a niveles internacionales impensables, llegando a sonar en mercados tan complejos como India y China. En ese momento, el dembow no solo representaba a República Dominicana: era un sonido global, fresco y diferente. Sin embargo, como suele ocurrir en la industria musical, el éxito no siempre garantiza permanencia.

Aunque el género logró consolidarse, no supo sostener el mismo impulso con el paso del tiempo. Poco a poco su fuerza fue mermando y el dembow comenzó a perder protagonismo frente al regreso con fuerza del reggaetón y la expansión del trap. El ritmo que dominaba las calles empezó a desaparecer de los grandes espacios mediáticos.

Uno de los puntos más críticos fue el cambio en el enfoque de los medios en República Dominicana. Muchos programas musicales evolucionaron hacia formatos tipo reality, farándula y contenido de vida cotidiana, dejando en segundo plano la conversación profunda sobre música, artistas y lanzamientos. El resultado fue claro: se pasó de tener información constante y diaria sobre la escena musical a recibir contenido esporádico, “graneado” y sin continuidad.

En contraste, Puerto Rico apostó por su mayor fortaleza: la música. Mientras en RD los espacios musicales se reducían, en PR se multiplicaban los podcasts, entrevistas y plataformas enfocadas exclusivamente en la industria urbana. Artistas de la vieja escuela del reggaetón comenzaron a unirse con streamers y creadores de contenido, especialmente en Colombia, creando alianzas estratégicas que conectaron su música con nuevas generaciones. Esta visión permitió que figuras como Tito El Bambino lanzaran nuevos temas que se posicionaron en tendencia en menos de 24 horas.

En República Dominicana, pocos espacios se mantuvieron firmes en la misión de informar y analizar la escena musical. Programas y plataformas como Somos Urbanos y Badu TV se convirtieron en excepciones, manteniendo al público al tanto de lo que realmente estaba pasando con los artistas, los movimientos y la evolución del género. Sin embargo, no fue suficiente para sostener un ecosistema mediático fuerte y constante.

La pandemia trajo un breve resurgir del dembow en toda Latinoamérica, con temas virales como La Mamá de la Mamá, Singapur y Los Bobos Son Míos de Haraka Kiko, que dominaron discotecas, redes sociales y playlists. Pero ese impulso tampoco se capitalizó a largo plazo. Faltaron estrategias, continuidad y una narrativa sólida que protegiera y proyectara el género más allá del momento viral.

Al final, la historia del dembow deja una lección clara: en la música, el manejo de los medios y la información lo es todo.
Un género no muere solo por falta de talento, muere cuando deja de promocionarse, cuando deja de contarse su historia y cuando pierde los espacios que lo sostienen.
Y en la industria musical, todo lo que deja de promocionarse, simplemente desaparece.

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